La Desigualdad Social y Transporte Público

foto para afiche metrobus

Entrevistados: Ing. Luis María Pereira; Leticia Romero y Iván Chagas

http://www.ivoox.com/desigualdad-social-transporte-publico-audios_md_2690551_1.mp3″ Para descargar el programa, haga click aqui.

En esta semana que pasó, a nivel internacional se destacó la lamentable muerte de Nelson Mandela, gran líder, expresidente de Sudáfrica, premio Nobel de la Paz y todo un ícono en la lucha contra el Apartheid y por su  trabajo por sociedades más justas, pacíficas e igualitarias.

A nivel local, queremos destacar la aprobación del proyecto Metrobus por el Congreso Nacional.

Tras varias vueltas y tres años de estar en el Congreso, Diputados aprobó el préstamo de USD 212 millones para plan que busca reformar el transporte público. Ahora el mismo está en manos del Ejecutivo para su promulgación. Sin duda es un derecho de la ciudadanía muy postergado que ahora está cada vez más cerca de hacerse realidad.

Vivimos en uno de los países más desiguales de América Latina y el mundo y un sistema público de transporte decente y eficiente sin dudas ayudará a que las cosas mejoren ya que esas mayorías que cada día se tienen que movilizar al trabajo lo podrán hacer más digna y eficientemente.

Enrique Peñalosa, el exalcade de Bogotá, que implementó el sistema Metrobus en dicha ciudad, decía que: Una ciudad avanzada no es aquella en la que los pobres pueden moverse en coche, sino una en la que incluso los ricos utilizan el transporte público.

Por eso es clave, en el contexto en que vivimos, analizar sobre lo que significa la desigualdad:

Recientemente, La Red Latinoamericana por Ciudades Justas, Democráticas y Sustentables en alianza con UN Habitat, Avina y la CAF publicaron una encuesta sobre percepción de la inequidad social en 10 ciudadades Latinoamericanas. Entre las ciudades participantes se encuentra Asunción, gracias al trabajo de la Red Ciudadana Asunción Sustentable y la Red Paraguaya por Ciudades Sustentables.

En el prólogo de la Encuesta, que se puede encontrar en www.inequidadsocial.org el prólogo nos invita a hacer la siguiente reflexión:

Permítaseme recordar lo básico: hay dos maneras de explicar por qué los humanos preferimos vivir juntos y no como una colección de individuos o familias aisladas, en luchas dispersas por sobrevivir. La primera, normalmente llamada contractual, racional o individual, afirma que suscribimos un pacto social porque cada quien, al vivir en sociedad, obtiene una serie de bienes mayores que los que sacrifica al perder cierta libertad individual. Los individuos son capaces de llevar a cabo un análisis que los lleva a concluir que su vida es mejor en sociedad que aislados: la sociedad les es útil.

La segunda, comunitarista o cultural, enfatiza por el contrario que hay un reconocimiento de identidad entre yo y el otro que permite, incluso sin ley ni recompensas o castigos previamente pactados, que deseemos colaborar, compartir, comunicarnos, y vivir no en sociedad, sino en comunidad. El lazo primario entre las personas, según esta visión, no es la utilidad percibida en la asociación, sino la sociabilidad primaria derivada de ser capaz de verme y de sentirme reflejado en el otro.

La primera explicación es la base de las teorías de la justicia o la equidad. Según ellas, el Estado es responsable de garantizar el acceso de todos a un conjunto y un nivel mínimo de bienes primarios (derechos, libertades, oportunidades e ingresos o riqueza), o de capacidades que nos permitan ejercer nuestra libertad. Para la segunda, la comunidad sólo es posible en tanto ese reflejo de mí en el otro se percibe sin dificultad: en tanto la comunicación no depende de intentar traducir otros lenguajes, valores o intenciones, sino que el hecho de compartirlos pueda suponerse, sin cuestionamientos constantes, en nuestro trato diario. Mientras el otro sea próximo, mío, y no extraño, distante y ajeno. Cada explicación privilegia un valor social básico distinto: por una parte la justicia o la equidad, por la otra la solidaridad o la cohesión social.

La mención – breve y sobresimplificada – de estas dos explicaciones y de estos dos valores sociales básicos es pertinente porque la desigualdad lesiona ambos. Por una parte, la desigualdad expresa cierta – poca o mucha, diversa o no – frustración de la promesa de justicia o de equidad. Cuando una parte apreciable de las personas de mi ciudad jamás han tenido acceso a los bienes, capacidades u oportunidades básicas, y otros lo tendrán hasta la quinta generación sin esfuerzo aparente, se incumple con la promesa social de justicia. Por la otra, cuando dejo de verme en el otro porque entre los dos hay una gran brecha de riqueza, poder o prestigio, la lejanía resultante quiebra la confianza básica que nos permite colaborar libre y voluntariamente. Si por necesidad trabajo con él(la), o para él(la), o viceversa, erigiré barreras que impidan que abuse de mí, o que tome lo que creo que es mío, y construiré explicaciones que lo hacen despreciable, vil o incomprensible. Tal vez recurra a la ley para que me defienda, o tal vez simplemente limite nuestra interacción al mínimo necesario. No habrá ni solidaridad ni cercanía.

Así, proponerse entender cuánto y cómo percibimos los ciudadanos de diez urbes latinoamericanas nuestra desigualdad, en dónde y en qué la percibimos más o menos, resulta fundamental porque, por cualquiera de las dos vías, se profundiza en la validez y la calidad de nuestros pactos sociales y de nuestra vida en comunidad.

Naturalmente, si hasta aquí se mencionan dos explicaciones (y hay más), a partir de este punto las diferencias se multiplican: ¿Quién o qué crea la desigualdad? ¿Quién la mantiene? ¿Es necesaria? ¿Debe tolerarse como un mal que inevitablemente nos acompaña, debe reducirse sustancialmente, o por el contrario es expresión de la virtud y el mérito de algunos – y la incapacidad o pereza de otros? ¿Cuáles son los bienes básicos que crean un piso de equidad? ¿Debe exigirse que compartamos educación, salud, transporte, un ingreso básico, espacios públicos o comunicación, o por el contrario la diversidad y la diferencia deben ser valores que se defiendan?

Amartya Sen, destacado economista y pensador de la justicia, lo expresa así: “…todos los enfoques de la ética de los arreglos sociales que han pasado la prueba del tiempo defienden la igualdad de algo – algo que tiene un sitio importante en su teoría particular. No sólo los igualitaristas de ingreso (si se me permite llamarlos así) demandan ingresos iguales, y los igualitaristas de bienestar demandan niveles iguales de bienestar, sino que también los utilitarios clásicos demandan ponderaciones iguales de las utilidades de todos, y los libertarios puros igualdad respecto de una amplia clase de derechos y libertades. Todos son “igualitaristas” en algún sentido esencial…”. Esta “diversidad en la igualdad” es en sí misma una simplificación excesiva. Durante los últimos veinte años, en Latinoamérica ha crecido, y en muchos casos se ha legislado en las constituciones y los tratados, la igualdad de culturas y pactos sociales diversos, al punto de reconocerse y restituirse territorios y gobiernos antes considerados arcaicos o contrarios a la unidad nacional.

El problema obvio es que, por ejemplo, la igualdad en libertades – y en los derechos individuales de propiedad, por ejemplo – puede contraponerse radicalmente a la igualdad en ingresos o en bienestar. Asimismo, que los derechos colectivos y étnicos pueden lesionar los derechos constitucionales y humanos de los pertenecientes a esos grupos o de quienes tratan con ellos. Los latinoamericanos entrevistados en estas diez ciudades claramente se reparten entre estas y otras concepciones de la igualdad y la desigualdad. Una minoría significativa, por ejemplo, piensa que es necesario que haya más desigualdad de ingresos: que el esfuerzo se vea claramente recompensado, y que de esta manera se estimule a todos a esforzarse más.
Aunque diversos, sin embargo, la mayoría de los latinoamericanos percibimos ciertas cosas en común: en nuestras ciudades hay una desigualdad que consideramos excesiva, en donde la estructura social tiende a ser percibida como encabezada por un grupo pequeño extremadamente distante de los otros, con muy pequeños grupos intermedios, y una muy grande “base” social de personas excluidas de bienes básicos que deberían tener – y que deberían ser de calidad.

Desde hace dos décadas, y por primera vez en un siglo, América Latina es gobernada por ejecutivos electos, y en todos los países existen también congresos electos que deberían funcionar como contrapeso a los excesos de los ejecutivos – o a su debilidad ante los ricos y poderosos. Y sin embargo, percibimos una gran desigualdad y, en general, queremos que disminuya. ¿Qué ha sucedido, de tal manera que mientras más parece que los gobiernos son “nuestros” más nos alejamos de cumplir con el contrato social básico de justicia o con el valor social fundamental de la solidaridad? En esta encuesta se expresa un juicio significativamente negativo de los gobiernos y los partidos políticos: podría decirse que hasta hoy, y en términos de la desigualdad percibida, los gobiernos democráticos nos han dejado insatisfechos. Es responsabilidad de los gobiernos mejorar los niveles de igualdad. Si bien la mayoría no se pronuncia por una igualdad radical de ingresos y bienestar, sí desea igualdad en el acceso y la calidad de los servicios y las oportunidades. Y el representante de este deseo social es el Estado.

Según el último informe presentado por Cepal, Paraguay es el único país de Sudamérica donde la desigualdad en el nivel de ingresos entre los más pobres y más ricos aumentó, pese al crecimiento de los últimos años.La participación ciudadana como propulsora de iniciativas y como contralora de la gestión del gobierno municipal y central es clave para rever esta situación.

Proyectos de infraestructura y reconversión urbana como el Metrobus y proyectos de mejora de la gestión pública como el Plan de Metas que fue aprobado por la Junta Municipal en la sesión de hoy son algunas de as herramientas que nos pueden ayudar a construir ciudades y territorios más justos, equitativos y sustentables.

Pensar en este y otros temas es la razón por la que hoy tendremos a tres invitados

Hoy estaremos en el primer bloque con:

El ingeniero Luis María Pereira, Vice Ministro de Transporte del Ministerio de obras Publicas para hablar sobre el proyecto Metrobus y las implicancias a partir de la aprobación del mismo en el Congreso y los nuevos escenarios que esto crea.

En el segundo bloque estarán con nosotros Leticia Romero de la Red de Acción Paraguay e Iván Chagas de la organización internacional AIESEC-Paraguay y para hablarnos sobre el  voluntariado y sobre el Foro: “Paraguay Youth to Business Forum,” respectivamente.

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