¿Donde crece la ciudad?

Punta Karapa Chacarita 2

Entrevistados: Richar Ortigoza, Ricardo Flecha y Techi Cusmanich; Fabio López y Devin Glick

http://www.ivoox.com/donde-crece-ciudad-audios_md_2688468_1.mp3″ Para descargar el programa, haga click aqui.

La expansión urbana no está solo en las estadísticas, las cuales indican que alrededor del 65% de la población nacional vive en espacios considerados urbanos. Este crecimieno no es solo demográfico, ni si quiera es solo crecimiento. Se trata de una transformación en los modos de estar juntos y de relacionarnos.

¿Hasta qué punto somos concientes de los cambios que trae la vida urbana en Paraguay? ¿Estos cambios son positivos o negativos? ¿La acelerada urbanización responde a un dirección planificada o son resultados de otros factores? Sobre estas preguntas venimos tratando desde las primeras ediciones de OTIRI, LA CIUDAD EN DEBATE. Preguntas de no fáciles respuestas.

De urbanizaciones tardías

Hasta hace poco tiempo, había un consenso de que en las ciudades del Paraguay, particularmente en Asunción y su área metropolitana, primaba la cultura rural. O sea, la urbanización física no venía de la mano de una transformación en las prácticas y en los imaginarios de sus habitantes, al menos de forma preponderante.

La tan mentada cultura urbana era señalada como carencia o como realización parcial, sino paródica.

Hoy ese consenso no tiene la misma fuerza. La explosión urbana en el Paraguay, tardía respecto a otros países, se ha acelerado desde la década pasada (los 90), asumiendo complejidades y profundidades mayores. Esta explosión sucede – y ahí tal vez una peculiaridad del proceso paraguayo, comparando con otros países que vivieron el boom urbano décadas atrás  – con la mercantilización (también acelerada) de la vida cotidiana, la irrupción de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías.

O sea, a diferencia de otros países, que vivieron la urbanización con la primera y segunda modernidad, más asociada a la expansión de una noción de estado republicano, aquí las cosas fueron y son diferentes: la urbanización sucede de la mano del mercado como principal institución que regula y transforma los hábitos e imaginarios

¿El Estado?  El aparato estatal que fuera (aparentemente) liberado del regimen stronista, en 1989, no hizo rupturas con el modelo clientelar, propio de una época pasada y de una forma de organización cuasifeudal.

Vivimos, así, en medio de la tensión de un estado que produce y reproduce clientes, y de un mercado que produce y reproduce consumidores ¿Qué institución produce a los ciudadanos y ciudadanas?

Aquí reside, en parte, la explicación sobre la debilidad de la cultura urbana en el país: ¿como podrá haber ciudad sin instituciones – tan fuertes como el estado clientelar y tan efectivas como el mercado global – que produzcan (en el sentido sociológico de la palabra) ciudadanos? Es el dilema de los países que llegaron tarde a la modernización latinoamericana. Es el dilema de urbanizarse en tiempos de la crisis del estado y la globalización del mercado.

Que nadie se equivoque. Este no es un dilema solo paraguayo. Sin embargo, las situaciones son otras en países como Brasil, Argentina, Chile o Uruguay que han vivido otros procesos económicos y políticos, así como socioculturales. Que han, pese a todo, construido estados más fuertes.

Ataduras y obstáculos

En este momento de la historia, el Estado clientelar es un problema, pues es imposible superar desafíos estructurales como la pobreza que afecta al 40% de la población, o la carencia de servicios básicos en el área metropolitana de Asunción, sin una organización estatal fuerte, que destine su tiempo, energía y talentos a generar condiciones para el ejercicio de los derechos por parte de ciudadanos, ciudadanas y colectividaes, sin discriminación de ningún tipo.

El correligionario (del partido o movimiento que fuere, de tal o cual tendencia) es una figura del pasado que se resiste a morir y que sigue vigente, reproduciendo una forma de organización que ancla el país al pasado.

Allí está la municipalidad de Asunción como ejemplo. Una institución sobrecargada de funcionarios, muy por encima de lo que se requiere, sin capacidad política ni técnica para gobernar la ciudad y, menos, dirigir el destino de la región de la cual es cabecera.

La expansión del mercado sin contrapesos de un estado es también un problema. No es negocio para la nación, ya que las inversiones de esa economía global terminan beneficiando más a grandes capitales que están en cualquier lugar, menos en el país, sin aportar significativamente al desarrollo, ni generar procesos de distribución de riqueza. Menos lo es en el plano cultural, pues las transformaciones suceden en relaciones de asimetría y no de diálogo (ya los antropológos nos enseñaron que el intercambio cultural sino es dialogal tiende más a la dominación que a la construcción colectiva).

Nos relacionamos con el imaginario cultural global desde una cultura folclorizada que la revivimos cuando ganamos un partido de futbol, celebramos alguna fecha patria o recordamos que tenemos al guaraní, sin hacer esfuerzos genuinos para superar la disglosia que afecta a todo el país.

Intersticios, gritas, caminos

¿En este orden hay atisbos de cambio? Claro que los hay.

El mejoramiento del transporte público, el acceso al saneamiento ambiental y el agua potable, la disponibilidad de caminos y veredas transitables; el florecimiento de espacios públicos que convoquen a la ciudadanía a disfrutar de la relación con otros y otras, no necesariamente iguales a uno; la generación de oportunidades para esos millares de jóvenes, generalmente citadinos, que ingresan a la población económicamente activa, motivando su desarrollo creativo y la innovación, son desafíos posibles si es que se modifican los fundamentos y las reglas del estado clientelar.

Esta transformación solo será posible si es superado el cliente que se subordina al patrono, y si la figura ineludible del consumidor – cuanto menos para estos tiempos – es subordinada a la del ciudadano.

De ahí la importancia de alimentar el desarrollo de rupturas culturales con el orden que nos ata al pasado o que nos subordina a desaparecer como estado. De ahí la importancia de identificar los lugares donde la “ciudad crece”, esa que promueve el sentido de lo público, el respeto a la diversidad, la meritocracia como valor de la política y el desafío de construir una visión de desarrollo, desde la inclusión y la justicia social.¡

Invitados

Es por este motivo que iniciativas como la de Ricardo Flecha, “Donde la guarania crece” (de la cual nos inspiramos para este editorial), tienen tanta importancia. Catalizando procesos de mejoramiento barrial, como el que vive San Jerónimo, esta iniciativa no solo amplia la oferta artística para la ciudadanía interesada, sino que subraya el esfuerzo por construir un modelo de ciudad alternativo, uno que tenga al espacio público como prinicipio orientador, uno que ponga en diálogo la tradición y la innovación.

Y justamente Ricardo Flecha estará en el primer bloque, hablándonos sobre por qué la guarania crece en los barrios de Asunción.

En el segundo bloque contaremos con Fabio López, vinculado a Espacio Vivo de Lambaré, un proyecto que pretende promover la participación y colaboración ciudadana para la revitalización de los espacios públicos; y Devin Glick de Fernando de la Mora Sustentable, iniciativa que organizó recientemente un conversatorio con el intendente de Fernando de la Mora.

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