Los desafíos del déficit habitacional

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Invitados: Gerardo Rolón Pose y Miguel Gómez
http://www.ivoox.com/desafios-del-deficit-habitacional_md_2191672_1.mp3″ Para descargar el programa, haga click aquí

La vivienda digna es un anhelo de la mayoría de la población paraguaya. No es casual que el déficit habitacional en el país no solo sea alarmante sino doloroso. Según estimaciones de la SENAVITAT, el déficit habitacional afecta a más de 1.100.000 de hogares, número que se distribuye en diversos tipos de demanda: “nuevas viviendas”, “ampliación”, “mejoramiento” y, lo que comporta mayor complejidad, demandas que conjugan “ampliación y mejoramiento”.

En el caso hipotético de que no existiera un cambio sustantivo en la política pública, en el 2020, el déficit afectaría a más de 1.500.000 hogares.

El núcleo crítico

De ese déficit habitacional hay un “núcleo crítico”, que afecta a alrededor de 360.000 hogares paraguayos. Este déficit crítico tiene que ver con los casos más graves: los referidos a “demanda de nuevas viviendas” y demandas simultáneas de “ampliación y mejoramiento”.

Si la demanda de nueva vivienda es de tipo cuantitativo, la de ampliación y mejoramiento es de tipo cualitativo. Y aquí cabe descatar que el 87%, corresponde a este último caso.
Son cientos de miles los hogares en los cuales las personas sobreviven hacinadas, no cuentan con los servicios básicos, como agua corriente o desagues cloacales.

Vivienda y Hábitat

La vivienda no es un elemento aislado ni garantiza, por sí sola, la calidad de vida. Se inscribe en un entorno que, según sus condiciones ambientales, socioeconómicas y culturales, favorece la inclusión social, el arraigo y el ejercicio de los derechos fundamentales. No es casual que vivienda y hábitat vayan de la mano.

La ausencia de una política pública afirmativa, en función de un proyecto compartido de desarrollo, genera desigualdades y asimetrías territoriales (territorios ganadores y perdedores), contribuye al incremento de la pobreza, al aumento de la conflictividad y de la desigualdad social. Un territorio desordenado, asimétrico y sin servicios es reflejo de una institucionalidad endeble, incapaz de asumir sus funciones de promoción del desarrollo y reguladora de la actividad privada.

Algunos datos son ilustrativos. Sólo el 49% de los hogares del país cuenta con servicio de agua potable proveído por la ESSAP o el SENASA, y solo el 11% de ellos está conectado a la red de alcantarillado sanitario. De este 11%, la mayor parte se encuentra en Asunción.
En estas circunstancias, disponer de vivienda ¿implica automáticamente vivir dignamente?

El PLANHAVI

Por otra parte, debe destacarse que la demanda de nuevas viviendas (generalizada a nivel país) se concentra en áreas urbanas, en particular, en las regiones metropolitanas de Asunción y Ciudad del Este. El departamento Central, principal polo de la migración interna, presenta estadisticas asustadoras. El fenómeno de los asentamientos precarios se extiende aceleradamente, generando tugurización y condiciones de marginalización social.

Para encarar este desafío, bajo el gobierno de Fernando Lugo, la SENAVITAT (institución también creada bajo dicha administración) inició la formulación del Plan Nacional de Hábitat y Vivienda (PLANHAVI), que plantea la meta ambiciosa de producir, para el 2020, cerca de 300.000 soluciones habitacionales (entre nuevas viviendas y acciones de ampliación y mejoramiento), poniendo foco en el núcleo crítico del déficit habitacional.

El PLANHAVI se estructuró en torno a un escenario de corto y mediano plazo (2012 – 2015) y otro de largo plazo (2020). En el corto plazo se priorizarían las “soluciones habitacionales cuantitativas y cualitativas localizadas en territorios con demandas críticas, con especial énfasis en las zonas de fronterizas y en la población en condiciones de vulnerabilidad (rural, urbana, pueblos originarios), trabajando articuladamente en el territorio”. El largo plazo, sin dejar el núcleo crítico del déficit, incorporaría el criterio de priorizar “acciones en ciudades intermedias y municipios con planes de desarrollo sustentable y de ordenamiento urbano-territorial”.

Un criterio no menor, considerando que, de los 245 municipios, menos de una docena ha cumplido con sus funciones primarias: las de planificar el desarrollo local desde la óptica de la sustentabilidad y la de ordenar el uso del suelo.

El golpe parlamentario

El PLANHAVI fue interrumpido con el golpe parlamentario. Su elaboración finalizó durante el gobierno de Lugo. El quiebre institucional que generó el cambio de gobierno sorprendió al proceso en cuando se estaba a punto de implementar el órgano que habría atendido a su aplicación. El documento PLANHAVI fue publicado e, inclusive, presentado públicamente en el Palacio de López por parte de Federico Franco y sus colaboradores. Sin embargo, la ejecución jamás tomó inicio.

Esta interrupción hace parte del largo listado de planes y programas desmantelados por el gobierno franquista. Fortalece el imaginario colectivo de que en Paraguay es imposible pensar a largo plazo e impulsar políticas públicas de estado, aquellas que se sostienen en el tiempo, cruzando periodos de gobierno diferentes

El PLANHAVI es una de las pocas políticas públicas dirigidas y elaboradas en su totalidad por profesionales paraguayos, hecho que habla de la acumulación de experiencia técnica y de la institucionalización de la gestión pública en el país. Aspecto que no desconoce el apoyo y el asesoramiento de la cooperación, en este caso, de una singular articulación entre Chile, Australia y Alemania.

¿Todo se perdió?

El impacto del sector de la construcción en la economía nacional hace del PLANHAVI un plan estratégico para el desarrollo nacional. En el 2012, en el marco de este plan, estaban previstas 12.400 soluciones habitacionales. De haberse ejecutado, se habría generado trabajo, de forma directa o indirecta, para alrededor de 80.000 personas. Este número habría crecido progresivamente hasta el 2020, cuando se pretendía alcanzar la ocupación de 360.150 personas.

¿Pero todo se ha perdido? ¿Es posible que esta hoja de ruta pueda ser retomada y promovida como directriz en la emergente coyuntura política? ¿Será posible instalar en el gobierno electo la convicción de que no podrá resolverse el déficit habitacional sin dejar la acción reactiva y clientelar, y asumir una perspectiva de mediano y largo plazo que articule, simultáneamente, “la producción del hábitat y la vivienda”, “el fortalecimiento institucional”, “el impulso a la participación social” y el “el financiamiento de las acciones”?

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