Normas y prácticas en las ciudades

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Invitados: Rosa de Vachetta y Constantino Masloff

http://www.ivoox.com/normas-practicas-ciudades_md_2120245_1.mp3″ Para descargar el programa, haga click aquí

Deteniéndonos a mirar simplemente como transcurre la vida en nuestras ciudades, resulta preocupante ver cómo las señales de tránsito, los semáforos y otras disposiciones tan importantes como: “no arrojar basura”, “no emitir ruidos molestos”, entre numerosas otras,  devienen absolutamente inocuas. Es decir, no significan prácticamente nada. No inducen la conducta de las personas hacia los objetivos de cada normativa.

Observando el grave divorcio entre las normas de convivencia contenidas en preceptos constitucionales, legales, decretos, resoluciones, ordenanzas y demás instrumentos que conforman el derecho positivo paraguayo y que tienen como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas,  y las conductas expresadas en patéticas formas de violentar o ignorar estas disposiciones, nos planteamos ¿por qué semejante divorcio? Cómo hacer que las normas de convivencia, se asemejen cada vez más a las conductas de las personas?

Para construir mejores ciudades el camino pasa por reducir la brecha entre normas que regulan la convivencia y la  conducta

Sentidos etimológicos

El término Ciudad nos remite a las expresiones “urbs”, “polis” y “cívitas” de las antiguas civilizaciones griegas y romanas. Para los grandes filósofos de Atenas y de Roma, la ciudad se concebía como la cima de la civilización y del progreso cultural.

Aristóteles afirmaba que “la ciudad ha sido creada en primer lugar para hacer a los hombres verdaderamente hombres, y la ciudad existe para hacerlos felices. El hombre, que inicia su período de desarrollo en la familia, encuentra sólo en la ciudad su madurez: el hombre es por tanto un animal político” (Primer libro de la Política). Cicerón razonaba de la misma manera: “los hombres dejaron poco a poco la barbarie, descubrieron el arte de la vida comunitaria y crearon las primeras ciudades en donde aprendieron la civilización y cultivaron las artes liberales; encuentra el hombre en la cívitas o ciudad un verdadero sentido de grandeza”.

Tanto para los griegos como para los romanos la idea de ciudad REMITÍA a una conciencia colectiva de unidad, en la que los intereses particulares quedaban supeditados a  los comunitarios; era una empresa común, con un pacto de ayuda mutua. Esta conciencia los llevaba a formarse en el sentido de pertenencia, a mejorar sus condiciones de vida y así alcanzar un nivel superior de desarrollo contrapuesto a las aldeas o al campo. La polis tiene como fin la supervivencia,  la convivencia humana y el perfeccionamiento humano. El término Cultura, de origen latino proviene del verbo cultivar.

Y que dicen aquí cerca

La Ley 397 de 1.997, de Colombia (Ley General de Cultura) Título I, Artículo 1°, numeral 1, que define:

“Cultura es el conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales, intelectuales y emocionales que caracterizan a los grupos humanos y que comprende, más allá de las artes y las letras, modos de vida, derechos humanos, sistemas de valores, tradiciones y creencias”.

En base a lo anterior, ¿qué significa el  término Ciudadano?. En Roma al ciudadano individual lo llamaban civis, que se refiere a todo hombre o mujer que vivía al amparo del derecho de ciudadanía romana. Para mejor entender, ciudadano era el que pertenecía a una ciudad.

Derecho a la ciudad y cultura ciudadana

La ciudad, entonces,  se compone de personas que adquieren el derecho de ciudadanía cuando estas se agrupan y participan en el devenir de la ciudad. Cuando adquieren derechos y también deberes.

Cuando Antanas Mockus inicia su campaña por la alcaldía de Bogotá, invierte gran parte de la misma en instalar, como eje transversal, lo que denominó la cultura ciudadana.

El concepto de Cultura Ciudadana puede ser entendido como el conjunto de los comportamientos, valores, actitudes y percepciones que comparten los miembros de una sociedad urbana, que determinan las formas y la calidad de la convivencia, influyen sobre el respeto del patrimonio común y facilitan o dificultan el reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos.

Puede que la respuesta a las interrogantes que planteábamos al inicio esté en este esfuerzo por recuperar conceptos que están en el origen de nuestra civilización. En desarrollar valores cívicos que lleven al niño, al joven, al adulto, al anciano, al visitante, en fin, a todos, a conocer y comprender la ciudad, a amarla, a tener sentido de pertenencia, a irradiar mentalidad comunitaria, a dolerse por los atropellos y abusos, a buscar el desarrollo personal y social. “Si no hay pan para el pobre no habrá paz para el rico” se lee en un graffiti.

La ciudad es vida comunitaria, para la cual hay que educarse. La calidad de una ciudad depende directamente de quienes allí residen, de su habilidad para desarrollar y atraer talento, es decir, de hacerla atractiva para vivir en ella. Las personas son la principal riqueza.

El desarrollo urbano se basa en estrategias para fortalecer el civismo, la cultura y la participación ciudadana para mejorar la ciudad. Es un proceso educativo que comienza en el hogar, para  infundir en el niño,  desde temprana edad, la idea de  que somos parte de una ciudad que hay que amar, cuidar y respetar como a la propia casa, como a la misma familia.

Editorial 14 – Programa radial OTIRI, LA CIUDAD EN DEBATE

Mabel Causarano
Federico Franco – Troche
Vladimir Velázquez Moreira

www.rema.org.py – cds.rema@gmail.com

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